Si hubiese que elegir a un solo habitante de Barcelona para representar a la ciudad, sin duda se trataría de Antoni Gaudí.
Nacido en 1852, la obra de este genial arquitecto es sin duda la imagen más conocida de Barcelona.
De entre toda su obra, que no se limita a Barcelona, ya también trabajó en otros puntos de la geografía catalana y española, destacan por su originalidad y belleza los edificios de la Casa Batlló y la Casa Milà, así como el templo de la Sagrada Familia y el Park Güell.
La Casa Batlló destaca por el brillo y colores de su fachada y la forma de dragón del tejado. Sobre un edificio ya existente, Gaudí recibió el encargo de la familia Batlló de reformarlo totalmente para convertirlo en su nueva vivienda.
La Casa Milà, también llamada La Pedrera, fue el último proyecto de Gaudí antes de dedicarse en exclusiva a su gran obra todavía inacabada, la Sagrada Familia. Se trata sin duda de una obra muy especial, y cómo muestra queda el acta oficial en la que técnicos del ayuntamiento admiten que el edificio es de gran valor artístico y quedaba libre de cumplir las ordenanzas municipales de edificación.
La Sagrada Familia, la obra más representativa de Barcelona, se empezó a construir en 1882, idea de José María Bocabella, un librero de la ciudad que en 1866 fundó la Asociación de Devotos de San José. El proyecto y las obras fueron encargados a Francisco Del Villar, un arquitecto que propuso una iglesia de estilo neogótico. En 1883, un año después de iniciarse las obras, Del Villar abandonó el proyecto por discrepancias con la junta constructora, y Gaudí se hizo cargo del proyecto. A partir de ese momento, Gaudí modificó totalmente el proyecto, y aplicó sus soluciones constructivas y estéticas para crear posiblemente el templo más original de toda la cristiandad.
El Park Güell es sin duda la obra más singular de Gaudí. Planificado como una urbanización para la rica burguesía de Barcelona, en el año 1900 Gaudí planificó una trama de viaductos, plazas y edificios de servicios. Gaudí exigió que toda la vegetación fuese autóctona de la zona, y que no se pudiese talar ningún árbol para construir. A nivel comercial, el proyecto de la urbanización fracasó totalmente, ya que no se vendió ninguna parcela, y finalmente fue declarado parque municipal en 1922 tras la muerte de Eusebi Güell, su propietario y mecenas de Gaudí.
Hoy en día, en el Park Güell se puede admirar la Sala Hipóstila, o sala de las columnas, que debía albergar el mercado de la urbanización. Las 86 columnas que conforman este singular espacio miden 6 metros de alto y 1.30 de ancho, y soportan el Teatro Griego, la gran explanada limitada por el característico banco curvilíneo decorado con los bellos mosaicos característicos de Gaudí.
La UNESCO declaró en 1984 todas estas obras Patrimonio Mundial de la Humanidad.