Uno de los secretos mejor guardados, imposible de imaginar si no se sube al 7º piso. Una vez allí, lo primero que sorprende es la luz de Barcelona. No es una luz cualquiera, se trata de una claridad que inunda las retinas independientemente del tiempo y las estaciones. Cuando uno se sienta allí entiende perfectamente el concepto “chill out” y se pregunta como es posible oír el silencio cuando la ciudad bulle a sus pies y la música se desliza sin parar vaya donde vaya.
Uno mira a su alrededor y se siente afortunado de estar en el H1898. Las proporciones cambian ante un mobiliario que supera las expectativas de comodidad y le ofrece la posibilidad de recostarse como nadie más puede hacer bajo el cielo de la Ciudad Condal.